Durante décadas, la metáfora del “copiloto” fue la carta de presentación perfecta de la inteligencia artificial. Tranquilizadora, casi simpática: la IA no venía a reemplazarte, sino a ayudarte. Vos seguías al mando; la máquina, al costado, alcanzándote datos y sugerencias. Pero esa narrativa se agotó. Hoy, en miles de procesos críticos, la IA ya no es copiloto. Es piloto automático. Decide, ejecuta y corrige en…